Pero no todo es leer en el arte de las palabras. La otra cara de la moneda es escribir. Una buena manera de que llegue el final del día y querer tener una especie de diario, de querer plasmar tus sueños en algo más estable que la maldita memoria, es escribir. Desde pequeño he tenido la necesidad de inventarme historias, y según he ido creciendo he escrito sobre el tema tan usado pero a la vez tan poco conocido: las emociones. Si las emociones mueven el mundo, las letras son el motor que lo impulsan. Este blog empieza como una caótica manera de expresar mis enfados, mi humor, mi ironía, mi sarcasmo, mis borderías pero también mis llantos, mis consuelos y mis pajas mentales. Espero que sepa compartir la mínima parte de lo que me ocurre. Un saludo blogeros.
Fuego, tinta, sueños.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Comienzo, empiezo, redacto.
Desde que tengo uso de memoria recuerdo a mi padre leyendo un cuento antes de acostarme. Cuando ya tenía algo parecido a brazos y conseguía llegar a mi estantería empecé a cogerlos yo mismo. Daban igual dibujos, títulos o colores, yo sólo veía palabras. Palabras largas, cortas, sinónimos, adjetivos, palabras llenas de significados y palabras que giraban completamente un argumento. Según iba creciendo no iba tirando ninguno de esos almacenes de palabras. Los prestaba, regalaba o simplemente guardaba en el desván, a sabiendas que en algún ataque de nostalgia contaría con la necesidad de sentarme en el suelo a leer, a perderme en los recuerdos. Los estantes cada vez más llenos y cada vez más desordenados, y entre todo ese desorden saltaban de libro en libro piratas, duendes, magos, varitas, y donde podías pasar de García Marquez a Dickens con solo un vistazo a la derecha. Estas historias me han hecho, orgulloso, lo que soy.
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